Quiero, Madre, en tus brazos queridos,
como niño pequeño dormir,
y escuchar tus ardientes latidos,
de tu pecho de Madre nacidos,
que laten por mi.

Y al arder de tu pecho en las llamas,
y tu amor que me inflama sentir,
de tus labios saber que me amas,
que por hijo con ellos me aclamas
para ser feliz.

Y llorando de amor y alegría,
reclinado en tu fiel corazón,
de tus labios saber, Madre mía,
que perdonas y olvidas el día
en que fui traidor.

En tus brazos divinos quisiera
perdonado y contento morir
y exhalar la plegaria postrera,
que provocara el amor cuando muera
que siento por ti.

Quiero ver tu divina hermosura
y contigo en la gloria vivir.
Si en tu pecho gocé tu hermosura
¿no es verdad que tendré Virgen pura
la gloria por ti?.

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