Porque por un admirable misterio
y por un inefable designio,
la santa Virgen concibió a tu Unigénito
y llevó encerrado en sus entrañas al Señor del cielo.
La que no conoció varón es madre,
y después del parto permanece virgen.
Se gozó, en efecto, de dos gracias:
se admira porque concibió virgen,
se alegra porque alumbró al Redentor.

Alabanzas a la Virgen de Belén

“Virgen Madre de Dios, el que no cabe en el universo, al hacerse hombre se encerró en tu seno”.

“Dichoso el vientre de la Virgen María, que llevó al Hijo del eterno Padre”.

Lectura del Evangelio (Lc 2, 15b-19)

En aquel tiempo, los pastores se decían unos a otros:
— «Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor.»
Fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.  Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Palabra del Señor.

Preces

-Para que en todos nosotros se renueve el ardor misionero de la Iglesia, pidamos con María, la Madre de Dios. Escúchanos, Señor. Tu Madre ora con nosotros.

-Para que los pueblos en guerra depongan sus armas, pidamos con María, Madre de la humanidad doliente del Señor. Escúchanos, Señor. Tu Madre ora con nosotros.

-Para que las madres que custodian en su seno el don admirable de la vida, se conviertan en las primeras defensoras del derecho a nacer de todos los hombres sin excepción, pidamos con María, Madre del Dios Viviente. Escúchanos, Señor. Tu Madre ora con nosotros.

-Para que los hermanos que están solos, experimenten el calor acogedor de la comunidad eclesial, pidamos con María, Madre del amor.  Escúchanos, Señor. Tu Madre ora con nosotros.

-Presentamos nuestas peticiones personales a la Virgen de Belén. Escúchanos, Señor. Tu Madre ora con nosotros.

Oración

Oh, Dios, que enviaste a tu Hijo, Palabra de salvación y Pan de Vida, desde el cielo al seno de la santa Virgen, a la que veneramos bajo la advocación de Belén, concédenos recibir a Cristo como ella, conservando sus palabras en el corazón y celebrando con fe sus misterios. Por nuestro Señor Jesucristo.

Ave María

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